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Harvey Milk: "Si una bala atraviesa mi cerebro, dejad que destruya las puertas de todos los armarios”

Estrenamos nueva sección pero no te confundas, no vamos a hablar de Pamela Anderson, de los Back Street Boys ni de Bon Jovi. No se trata de saber qué ha sido de los ídolos eróticos que adornaban tu carpeta o las paredes de tu cuarto. Hablaremos de otra clase de ídolos, de los que derribaron fronteras y abrieron ventanas, de los contribuyeron a que puedas besarte en la calle, divorciarte, enorgullecerte de tu condición sexual, o navegar por esta página libremente en busca de contenidos interesantes y juguetes divertidos. Empezamos con él, un hombre que vino a reclutarnos para cambiar las cosas, porque una persona puede hacer poco, pero ¿y miles?

"Si una bala atraviesa mi cerebro, dejad que esa bala destruya las puertas de todos los armarios”, dejó grabado Harvey Milk cuando ya intuía la muerte. Las amenazas, habituales desde el comienzo de su activismo político, se habían incrementado al tomar posesión de su cargo como miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco. “¡Que tú no eres Martin Luther King!”, se burló un amigo cuando se enteró de la existencia de las grabaciones. Él, el niño que creció en Nueva York y mantuvo su homosexualidad en secreto, el hombre conservador que pasó las primeras décadas de su vida cambiando de trabajo y de lugar sin encontrar su sitio, el chico que no quería llamar la atención ni proclamar su orientación sexual a los cuatro vientos, se convirtió en 1977 en el primer hombre abiertamente gay elegido para un cargo público en Estados Unidos.

El contacto con la contracultura y el ambiente que se respiraba en el San Francisco de principios de los 70 dio un vuelco a la vida a de Milk. Allí, en la calle Castro, barrio que había sido durante décadas hogar de católicos irlandeses de clase trabajadora, abrió con los últimos mil dólares que le quedaban una pequeña tienda de cámaras fotográficas sin sospechar que Castro Camera se convertiría en centro neurálgico del movimiento LGTBI de la ciudad.

“He venido a reclutaros”

Carismático, locuaz y con un estilo directo y divertido, Harvey luchó contra la homofobia institucionalizada apelando a la visibilidad y a la igualdad de todas las personas con independencia de su raza, sexo u orientación sexual. La comunidad homosexual en San Francisco, acosada y perseguida por la policía, era cada vez más numerosa. Las redadas en los bares y las detenciones eran cada vez más frecuentes y entonces llegó él, diciéndoles que sí se podían cambiar las cosas, empezando por gritar alto y claro quienes eran. “He venido a reclutaros”, proclamaba al comienzo de sus discursos para apelar luego a necesidades tan concretas como la educación, la sanidad, las oportunidades laborales, el apoyo a los comerciantes locales y el crecimiento de los barrios.

En apenas cinco años se presentó cinco veces a las elecciones a la Junta de Supervisores de San Francisco hasta que logró ser elegido en 1977. Durante el escaso tiempo que pudo ejercer, promovió la aprobación de una ordenanza que prohibía la discriminación por razón de orientación sexual. Según la calificó el Ney York Times en su momento, “la más rigurosa y amplia de la nación”, lo que demostraba “el creciente poder político de los gays”. Milk dirigió también la oposición a la Proposición 6, conocida como la Iniciativa Briggs, y que pretendía el despido de todos los maestros homosexuales de las escuelas públicas por tener “el perfil de abusadores de niños”.

Hoy, ser gay o lesbiana todavía es ilegal en 70 países y en once se castiga con la muerte

“En este aniversario de Stonewall”, declaro ante la multitud en uno de sus más famosos discursos, “pido a mis hermanos y hermanas gays un compromiso para luchar. Por ellos mismos, por su libertad, por su país. No conseguiremos nuestros derechos quedándonos callados en nuestros armarios. Saldremos del armario para luchar contra las mentiras, los mitos, las distorsiones. Salimos para decir la verdad sobre los gays, porque estoy cansado de la conspiración del silencio, así que voy a hablar sobre ello. Y quiero que tú hables sobre ello. Tienes que salir del armario. Díselo a tus padres, a tu familia”. El 27 de noviembre de 1978, apenas once meses después de su elección, Harvey Milk recibió cinco tiros en la cabeza mientras trabajaba en el ayuntamiento.

Conviene recordar que hoy, más de cuarenta años después del asesinato de Milk, ser gay o lesbiana todavía es ilegal en 70 países y en once se castiga con la muerte. Según el informe Homofobia de Estado 2019 de la Asociación Internacional de Gais, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA) en uno de cada tres países (35%) es peligroso mostrarse como miembro de la comunidad LGTBI.

"Me gustaría ver salir a cada médico gay, a cada abogado gay, a cada arquitecto gay, levantarse y dejar que el mundo lo sepa. Eso haría más por acabar con los prejuicios de lo que nadie podría imaginar. Les insto a que hagan eso, les insto a que salgan. Sólo así empezaremos a lograr nuestros derechos", dejó grabado Harvey Mil, figura clave de la lucha por los derechos civiles.