Laura Morán: “La información sigue siendo el porno y las películas románticas, y tanto las actrices porno como Jennifer Aniston se corren con el coito”

Como Colón nosotros también hemos hecho el descubrimiento del siglo, y también como el genovés otros muchos sabían de su existencia antes que nosotros. Hay libros que entretienen, libros que enseñan, libros que emocionan o que te hacen reflexionar, libros que te sacan una carcajada, y no siempre es fácil de conjugar una obra didáctica con una narrativa tan brillante como entretenida. Resulta que ‘Orgas(mitos)’ lo tiene todo. Y juro que, como con todas las obras de corte, a priori, similar, abordamos su lectura con recelo. ¿Sería un tocho infumable?, ¿vendría a hacer hincapié en las diez cosas mil veces repetidas antes?, ¿utilizaría un lenguaje tan científico que resultaría aburrido y poco comprensible para la población a la que pretendía llegar? (sí, sí, no se asusten, muchos profesionales pecan de hablar exclusivamente para los de su gremio). Pero Laura Morán es otra cosa. “¿Mi mayor alegría en el trabajo? Cuando mejoran. Una noche a las tres de la madrugada me llegó un mensaje de una paciente con anorgasmia. Había tenido su primer orgasmo. Con cosas como esas merece la pena que te despierten”. De Freud a Hazte Oír, de la identidad de género a las parafilias, de la ninfomanía a la eyaculación precoz, de la sexualidad de los niños al porno. Morán es luz en medio de la palabrería, la desinformación y los prejuicios.

Unas quisimos ser cazavampiros y otras, como Laura, soñaron con ser la versión femenina de Indiana Jones (para que vean que los tentáculos de la televisión son alargados), pero cuando el terrible momento de ‘¡mierda, necesito ganarme la vida!’ llegó, ella lo tuvo claro. Por eso siempre se define igual: “psicóloga por vocación y terapeuta familiar, de pareja y sexóloga por convicción”. Ahora atiende en su consulta, por supuesto, pero también escribe, colabora en el programa ‘Gente despierta’ de RNE con ‘Hoy toca sexo’, y es la sexóloga y psicóloga de referencia en el programa divulgativo de ciencia de TVE ‘Órbita Laika’. La equidistancia no va con ella, aclara conceptos y derriba mitos tan arraigados en nuestra cultura que muchos de sus pacientes, asegura, ponen cara de sorpresa cuando la escuchan.

¿Transexualidad? “Para mí es algo tan básico como que si alguien dice que es mujer o que es hombre yo no tengo nada que discutirle”, sostiene. “La polémica viene porque nuestros procesos de sexuación están muy marcados por los genitales y por los roles de género. Por eso una parte del feminismo es tan reacia cuando lo único que diferencia a una mujer trans de una cis es que tiene pene”. Y aquí repite una de las ideas que marcan el tono del libro. “Los genitales no definen el género, si a mí ahora me ponen un pene no me convierto en un hombre. La identidad de género y la orientación sexual nos vienen dadas, no se enseñan ni se aprenden”.

“El problema es que si para ti la sexualidad es solo coito y enfermedades de transmisión sexual, pues claro, efectivamente ¿de qué le voy a hablar yo a un niño?”

E igual que nacemos sintiéndonos y pensándonos de una manera, también somos seres sexuales desde la infancia hasta la muerte. ¿Qué pasa si te encuentras a tu hijo pequeño tocándose? Seguramente la respuesta será diferente si la que se toca es tu hija. “Lo principal es trasladarles a los niños que el cuerpo es fuente de sensaciones, pero hay cosas que hay que hacer en la intimidad, como sacarse un moco o plantar un pino”, explica con una gracia que ha convertido en seña de identidad. Sobre controversias actuales protagonizadas por ciertos partidos y organizaciones sobre la conveniencia de hablarles a los niños de sexualidad también se pronuncia. “Hay gente que cree que si no nombras algo, no existe. El problema es que si para ti la sexualidad es solo coito y enfermedades de transmisión sexual, pues claro, efectivamente ¿de qué le voy a hablar yo a un niño?, pero hay mucho más. También hay que educarles en el respeto al cuerpo para evitar abusos, por ejemplo. Todo es cuestión de educación y en la adolescencia ya es tarde”.

Pasada la infancia llegan nuevas fábulas que todos hemos creído a pies juntillas. ¿Por qué cuando hablamos de la primera vez solo nos referimos a la penetración? “Hay adolescentes que han practicado sexo oral, tocamientos y caricias genitales, pero no consideran que hayan perdido la virginidad”. Y cómo no, el dolor. ‘¿Duele mucho?’, ‘¿sangras?’, son preguntas que todas nos hemos hecho. El todopoderoso himen que no te puede ni romper el ginecólogo sobrevuela todo el asunto. Pues resulta que no es la telita que nos habían contado, “es un pliegue de la mucosa vaginal que tiene como función la protección de la misma. Cuando comenzamos a menstruar el cuerpo cambia de método protector, de una barrera física a una química. A partir de aquí y como ya es no útil, el himen se va deteriorando, perdiendo grosor, así que no tiene por qué doler ni va a hacer que te desangres”. Qué cosas. “Duele porque vas acojonada”, puntualiza.

Sin embargo, otros tipos de dolor en la penetración provocados por vaginismo o dispareunia sí son tratados en el libro ampliamente. También la tiranía de la belleza que ha llevado a poner de moda operaciones como la vaginoplastia, la labioplastia, la liposucción del Monte de Venus, la clitoriplastia… todo para que tus genitales sean más bonitos conforme a cánones que suelen venir del porno, porque nadie va por ahí comparando su vulva con la de la tía que está meando en el baño de al lado.

“No existe la eyaculación precoz. No hay tiempos para correrse y aquí la palabra precoz no tiene sentido”

¿Otros mitos a destruir? “No existe la eyaculación precoz, puedes eyacular involuntariamente, que no es lo mismo. Cuando le pregunto a un paciente ¿por qué crees que eres precoz?, responde ‘porque me corro antes que ella’. ¿Y cuánto tiempo necesita ella? No hay tiempos para correrse y aquí la palabra precoz no tiene sentido. Curiosamente esta disfunción siempre se da en parejas heterosexuales. El mundo sigue siendo muy hetero y aunque las mujeres ya tenemos derecho a disfrutar de nuestra sexualidad tiene que ser con un falo”. De ahí que le moleste tanto que exista una especia de jerarquía en las prácticas sexuales, considerando que hay técnicas de primera y técnicas de segunda. ¿El problema una vez más? La educación. “La información sigue siendo el porno y las películas románticas, y tanto las actrices porno como Jennifer Aniston se corren con el coito”.

¿Y se acaba la vida sexual al llegar a una determinada edad? “Personas mayores de 65 años que consulten sobre sexualidad hay muy pocas. Vienen por otras cosas y yo les pregunto por la sexualidad porque no se dan cuenta de que es una fuente de bienestar. Me dicen ‘pero si yo puedo vivir sin ello’. Claro, y sin chocolate, pero va a ser una vida más aburrida”. Sin embargo, las consultas por falta de deseo sí abundan. “Lo primero es saber si hubo antes, porque a veces no hubo nunca. Pero normalmente la falta de deseo en una pareja es secundaria y está asociada a otras circunstancias como la toma de ansiolíticos, el dolor en la penetración o los problemas familiares”.

¿Y si el problema es que en una pareja heterosexual el hombre acusa a la mujer de ninfómana por tener más deseo sexual que él? “Antes los roles estaban muy definidos, ellos cortejaban y nosotras éramos el objeto de deseo. Pero de repente, somos nosotras las que estamos dispuestas y ellos a veces no. ¿Si yo soy la activa, tú que eres? No tienen el rol definido. Y el problema es que es mentira que siempre estén dispuestos. No pasa nada si un día no te apetece pero ellos no son conscientes de que no pasa nada”.

Nos quedan cosas en el tintero, claro, pero de eso se trata, que después de la entrevista viene el libro. Descorchad una botella de vino, haced palomitas y pasmaros con cómo nos la han metido doblada, a veces literalmente.

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