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Ian McKellen: “Nadie ha tenido que mentir jamás sobre su heterosexualidad”

En 1988, el equipo de gobierno británico con Margaret Thatcher a la cabeza impulsó una ley contra lo que denominaron “promoción” de la homosexualidad. Así, la enmienda rezaba que no se debía “promocionar intencionadamente la homosexualidad, publicar material con la intención de promocionar la homosexualidad, o promocionar la enseñanza de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar en cualquier escuela subvencionada”. Dejando a un lado el gusto por la palabra ‘promocionar’ (perdón, no es cosa nuestra), este intento por silenciar a la comunidad LGTBI dio alas a la censura, a los movimientos y a las conductas homófobas, además de suponer el cierre de grupos de apoyo en escuelas y facultades. Ian McKellen salió a la palestra. No fue el único, claro, pero de repente, uno de los actores más conocidos y respetados de Reino Unido se posicionaba públicamente contra una peligrosa enmienda y reconocía públicamente su homosexualidad. Tenía 49 años. Hoy, con 80, es uno de los más distinguidos representantes de la comunidad gay y uno de los pocos actores que ha hablado abiertamente de su sexualidad.

“Si un hombre sodomiza a su compañero y se le prueban los cargos y se le encuentra culpable, le sodomizarán a él y le convertirán en eunuco”, rezaba una de las primeras leyes contra la sodomía. Hoy, es fácil caer en la tentación de pensar que hay batallas ya ganadas, debates cerrados y derechos adquiridos que no volverán a ponerse en entredicho. Sin embargo, basta echar una mirada al pasado (cercano, casi ayer mismo) para darnos cuenta de que los triunfos a veces son efímeros. En Inglaterra y Gales, la homosexualidad se despenalizó parcialmente en 1967, es decir, se permitían las relaciones homosexuales consentidas entre mayores de 21 años y en privado, pero seguían vigentes las prohibiciones respecto a la sodomía y la indecencia. No estaban permitidas las muestras de afecto en público y la expresión “en privado” fue interpretada tan estrictamente que excluía la habitación de un hotel y hasta la intimidad del hogar si había una tercera persona (aunque ocupara otra habitación).

Llegó luego la polémica sección 28 y más tarde las protestas por la diferencia en la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales, fijada en 16 años para heterosexuales y 21 para homosexuales (que se ve que se lo tenían que pensar un poco más). No sería hasta 1998, a las puertas del cambio de milenio, y gracias a una resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, cuando se equiparó la edad de consentimiento. Y si hoy puede tener consecuencias declarar públicamente tu sexualidad, a finales de los 80, en plena irrupción del SIDA y con las leyes en contra, demostraba auténtico coraje.

“Hay que recordar que nadie ha tenido que mentir jamás sobre su heterosexualidad”, ha declarado en varias ocasiones McKellen, y es que hay industrias que engañan y en Hollywood prefieren a los galanes que a los maricas. "Hollywood ha maltratado a las mujeres de todas las formas posibles a lo largo de la historia. Y los hombres gays no existen, aunque la mitad de Hollywood sea gay”. Él, que ha sido el rey Lear, Ricardo III, Sherlock Holmes, Gandalf o Magneto, que atesora tantos premios por su trabajo que es difícil llevar la cuenta, que fue condecorado con la Orden del Imperio Británico, nombrado Caballero por la Reina Isabell II y Compañero de Honor de la reina, nunca ha dejado de combatir en un frente mucho más importante. Defensor incansable de los derechos civiles, cofundó la organización Stonewall con la que todavía hoy, recorre los colegios de Reino Unido peleando por un sistema educativo libre de homofobia.

"Suelo utilizar la imagen de un peso que te quitas de la espalda que ni siquiera sabías que tenías. Ese peso se cayó. Y me sentí mejor físicamente. Había sentido toda mi vida timidez por ser gay, por algo que no podía contar, y ahora podía entrar en una habitación y sentirme orgulloso", declara en el documental en el que repasa su vida y su pasión por el teatro sobre el momento en el que confesó su homosexualidad. El mago de la pantalla es también un activista imprescindible.