Adiós, Raffaella

Adiós, Raffaella

Hoy, que inflados de modernidad nos creemos tan abiertos y tolerantes, tan de vuelta de todo que enterramos a un crío asesinado al grito de “maricón de mierda”, se nos va la Carrá en silencio. Precisamente ella, que siempre fue la alegría y su derecho. La alegría de vivir, de gozar, de enfundarse en licra y lentejuelas, mientras defendía su derecho a hacerlo delante del Papa o de quien hiciera falta. Que para eso movía la tía la melena como nadie antes, tuvo más poder en TVE que muchos directivos de la cadena y se atrevía a hablar de masturbación y homosexualidad mientras proclamaba con el caudillo aún caliente que siempre votaba comunismo. Menudo escándalo, Raffaella. Y no solo votaba comunismo, sino que, según cuentan, iba por los pasillos del ente público preguntando a las muchachas cuánto cobraban y defendía ferozmente los derechos laborales de sus bailarinas. Ya ven, la militante más brillante, literalmente, de la historia. Militante comunista y pionera feminista (y de prácticamente todo), al menos en una España gris que ella alumbró con su sonrisa, sus bailes alocados y sus letras picantes.

Después de enmudecer a Italia apareciendo con el ombligo al aire en la RAI, va la rubia y toquetea a un bailarín mientras canta el Tuca Tuca. Vaya descaro tenía la italiana. “Demasiado provocadora” la consideró el Vaticano, claro, pero qué elegantemente provocadora que ni el mismísimo Pontífice pudo con ella. Sorprende que no volvieran a poner el grito en el cielo los prelados cuando cantó “mi dedo está enrojecido de tanto marcar, se mueve solo sobre mi cuerpo y marca sin parar”. Igual creyeron que hablaba del teléfono, ¡inocentes!

También fue un icono gay aunque ella no entendiera las razones (“en mi tumba dejaré escrito: ¿Por qué le he gustado tanto a los gais?)". Raffaela habló sobre la homosexualidad en el tema ‘Lucas’ lanzado en 1978 y apeló a la libertad sexual en la canción que ahora solo recordamos por lo de “para hacer bien el amor hay que venir al sur”, pero en la que dejaba bien claro que “lo importante es que lo hagas con quien quieras tú”. Nada que añadir.

La Carrá rechazó instalarse en Hollywood mucho antes de que su apellido llevara el artículo delante, antes de que toda España respondiera al teléfono ‘Hola, Raffaella’ cada vez que descolgaba. Se convirtió en la estrella de TVE, una estrella a la que nadie decía que no. Por eso a sus programas fueron invitados como Mel Gibson o Santiago Carrillo. Y también por su sueldo peleó la italiana antes de que se hablara de techos de cristal, paridad e igualdad de oportunidades. Según cuenta Carmen López en eldiario.es, la artista llegó a cobrar 600 millones de pesetas al año por Pronto, Raffaella? “Se había enterado de que había presentadores de la cadena que ganaban más que ella aunque su programa atraía a diez millones de personas y no dudó en quejarse”.

Seductora, inteligente, enseñó lo que le dio la gana y dijo lo que creyó oportuno. Porque no había que renunciar a nada. Gracias por la fiesta, Raffaella.

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