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Paco Vidarte, el filósofo que abogó por una “puta ética hecha con el culo”

Sara Martínez 11/09/2020

Dejar de poner la otra mejilla y empezar a poner el culo. Maricas, bolleras, travestis, trans, mujeres, explotados, inmigrantes, oprimidos, marginales, habitantes de las afueras, ¿no os cansáis de caminar por las aristas, de ser los daños colaterales de un sistema que no os expulsa porque sustenta su poder en vosotros, sobre vosotros? Para erguirse sobre vosotros, para reírse a vuestra costa. Esta es la rabia que atraviesa ‘Ética Marica’, el grito de auxilio de Paco Vidarte. Un libro breve escrito en apenas tres semanas y publicado poco antes de su muerte a causa de un linfoma agravado por el VIH. Activista, filósofo, profesor, escritor, inconformista por vocación, Vidarte, una de las mayores autoridades mundiales sobre el pensamiento de Jacques Derrida, tuvo una vida breve pero intensa. Autor de multitud de textos y traducciones, miembro de la Radical Gai (uno de los colectivos que surge en los 90 para denunciar la pasividad y el silencio del Gobierno ante la crisis del sida), autor junto a Ricardo Llamas de los ensayos ‘Homografías’ y ‘Extravíos’, fue el primero en introducir en la universidad los estudios queer impartiendo varios cursos en la UNED, donde era además docente titular en el Departamento de Filosofía. También fue el inspirador del fantástico 'Por el culo', de Sejo Carrascosa y Javier Sáez.

Escrito en estado de gracia, como intuyendo la enfermedad que aparecería pronto, ‘Ética Marica’ es un legado, un llamamiento a seguir luchando. Él, que se definía como “lesbiano, gay, transexual, bisexual y queer”, que se sentía parte de cualquier minoría, temía que la lucha LGTBQ terminara con la legalización del matrimonio homosexual. “Si algo así como una Ética LGTBQ es pensable y deseable, ha de partir del hecho de que la lucha contra la homofobia no puede darse aisladamente haciendo abstracción del resto de injusticias sociales y de discriminaciones (…) No por caridad. No porque se nos exija ser más buena gente que nadie. No porque tengamos que ser Supermaricas. Sino porque la homofobia, como forma sistémica de opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de opresión, está imbricado con ellas, articulado con ellas de tal modo que, si tiras de un extremo, el nudo se aprieta por el otro, y si aflojas un cabo, tensas otro. Si una mujer es maltratada, ello repercute en la homofobia de la sociedad. Si una marica es apedreada, ello repercute en el racismo de la sociedad. Si un obrero es explotado por su patrón, ello repercute en la misoginia de la sociedad. Si un negro es agredido por unos nazis, ello repercute en la transfobia de la sociedad. Si un niño es bautizado, ello repercute en la lesbofobia de la sociedad”, escribió. 

Desde luego no apela al diálogo ni a la concordia, apela a coger lo que es suyo, a hacer del culo un espacio político y a oponer la política anal a la política falócrata de toda la vida. “No es lo mismo lo que el poder entiende por el culo de un marica, que lo que un marica entiende que es su culo. Para el poder somos putos culos. (…) Culos despolitizados. Pues bien, yo mi culo lo tengo colectivizado, que no es lo mismo que ser mi culo. Tengo un culo solidario, que no es lo mismo que tener un culo que busca su placer egoístamente (…) Ya sabemos a qué nos ha conducido la ética racional, lo mismo una puta ética hecha con el culo nos resulte menos perjudicial, más inmediata, más franca, más carnal, más callejera, más animal, más apegada a las necesidades básicas de la gente que anda con el culo al aire”. 

La memoria de Paco Vidarte continúa inspirando. Tal vez, en algún momento, aquellos que leen sus textos hagan del culo su bandera poniéndolo en pompa, reclamándolo como propio.