Mitos populares sobre el sexo anal

No es lo mismo que te empotren que tener potra, como tampoco es lo mismo penetrar ano ajeno que dejar que penetren el tuyo. Hay una escena recurrente en las películas carcelarias. Existe un tipo al que todos temen, el jefe, el amo, el macho alfa. Este espécimen puede ser uno de los presos o uno de los carceleros, pero en todo caso necesita un gesto que denote su poder, su autoridad sobre los débiles. Y así llega el momento que nos estábamos temiendo. Nudo en el estómago. El acorralamiento, la humillación, la violación física y psicológica. Por curioso que parezca, nadie considera que ese capullo que acaba de correrse dentro de otro hombre sea homosexual. El sodomita, en este caso, no es un maricón de mierda. Peculiar hipocresía la que se cierne sobre el ano.

Vicio nefando para la Iglesia, hombre del coco de la moral judeocristiana, Freddy Krueger de los muy machos que temen que se meta en sus sueños más profundos convirtiéndolos en maricas por obra y gracia del Bibidi Babidi Bu, el sexo anal despierta tantos anhelos como recelos. El hombre penetra. La mujer, el inferior, el afeminado, es penetrado. Seamos sensatos, porque con frecuencia a la hora de desterrar mitos basta con pararse un momento y aplicar el sentido común. ¿Por qué se convierte una práctica sexual en sinónimo de una orientación o identidad determinada? Ni indecente, ni inmoral, ni obsceno, ni sucio. Reivindiquemos el ano como lugar de placer, como zona erógena común a todos los cuerpos.

El sexo anal duele, el mito por excelencia

Utilizar los miedos como elemento disuasorio es el truco más viejo del mundo. ¿No te da miedo poner en entredicho tu virilidad?, ¿no te da asco andar tocando un agujero tan innoble?, pues teme entonces el dolor de abrir tus esfínteres a un elemento extraño. Pero ¿de verdad es tan doloroso? La respuesta más ilustrativa quizá sea esta: el sexo anal es la tercera práctica sexual más extendida en el mundo, solo por detrás del coito y del sexo oral. No podemos creer que millones de personas a diario decidan libremente someter su cuerpo a la estimulación anal si esta fuera un lacerante tormento.

La verdad es que puede ser doloroso si no se hace de la forma adecuada. Y sí, también es cierto que la primera vez puede resultar molesto. Pero no, el sexo anal no debe ser una práctica dolorosa. El secreto es lubricar, relajar y dilatar. El ano, a diferencia de la vagina, no lubrica de forma natural. Pero como no estamos en el siglo XIX, ya no es necesario tirar de aceites, saliva o mantequilla (por favor…). El mercado ofrece soluciones más saludables, eficaces e higiénicas, y tienes a tu disposición lubricantes (de agua, de silicona, enriquecidos con extractos naturales, para principiantes, para experimentados…) específicamente diseñados para que la inserción sea sencilla y placentera.

Antes de penetrar es conveniente masajear, tocar, lamer, todo lo que se te ocurre para incrementar la excitación y relajar la musculatura. También son de gran ayuda los juguetes y plugs anales. Pequeños y con forma cónica, son el mejor dilatador que existe.

Es una práctica de hombres homosexuales

Esta mamarrachada solo comparable con ‘las mujeres no se masturban’ o ‘la primera vez no te puedes quedar embarazada’ responde únicamente a estereotipos culturales y enseñanzas de la escuela de Ana Botella. Lo bueno de la ciencia es que es cierta, creas o no en ella, y lo bueno del ano es que todos tenemos uno, seas homosexual o charcutero. Pero vamos a las estadísticas, según algunos estudios aproximadamente el 50% de las parejas heterosexuales tiene sexo anal.

El sexo anal es sucio

Solo si la higiene no te va demasiado. Guarretes hay en todas partes y te aseguramos que practicar sexo oral o tener un coito con una persona que haya cultivado su propia fauna genital puede ser una experiencia cercana al vómito. En primer lugar, hay que extremar la higiene y en segundo, y siempre que no se trate de una pareja estable (a veces ni aún así) hay que emplear un preservativo.

Las mujeres no lo disfrutan

¡Faltaría más! Es que una mujer como Dios manda disfruta exclusivamente con la penetración vaginal con fines reproductivos. Primero tuvieron que llegar los succionadores para que muchos descubrieran dónde está y para qué sirve el clítoris (y esto fue ayer) y ahora resulta que el sexo anal, pues oye, que tampoco es cosa muy femenina. Suponemos que esta aseveración errónea se basa en que la mujer, anatómicamente hablando, no tiene próstata. Y como ya nadie puede dudar de que la estimulación de la próstata (el denominado punto P), reporta intensísimos orgasmos, ahora se cuestiona si la falta de próstata impide que la penetración anal sea placentera.

Lo cierto es que no. El ano, repleto de terminaciones nerviosas, es una de las zonas erógenas más importantes. Y su estimulación, especialmente si se combina con la del clítoris, incrementa la excitación y la intensidad del clímax.

No se puede llegar al orgasmo con el sexo anal

Diríamos que este mito ya ha quedado desmentido, pero por si las moscas, sí, claro que se puede alcanzar el orgasmo con el sexo anal. En las mujeres conviene, como acabamos de decir, estimular simultáneamente el clítoris, y en los hombres, la estimulación de la próstata conduce a clímax hasta un 33 por ciento más potentes que los logrados con la estimulación del glande del pene.

Con gusto, con alegría, sin miedos. Si te interesa, si te apetece, solo hazlo.

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