Vaginismo, quiero y no puedo

Vaginismo, quiero y no puedo

A pesar del acceso que tenemos hoy en día a la información y de que los temas íntimos han traspasado las fronteras del dormitorio, el sexo sigue siendo en la actualidad un tema tabú y la desinformación (o mala información) sexual sigue campando a sus anchas en esta sociedad del siglo XXI.

Este hecho propicia la permanencia de muchos mitos y estereotipos sexuales que nos alejan de la posibilidad de vivir una sexualidad plena, consciente y satisfactoria, y son un caldo de cultivo perfecto para dificultades y disfunciones sexuales.

Sin pretender ser exhaustivos, en este artículo nos centraremos en una de ellas que afecta, según la Sociedad Española de Medicina General, ni más ni menos que a un 12% de la población femenina: el vaginismo.

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo consiste en la contracción involuntaria y no consciente de la musculatura que rodea la vagina (músculos pubocoxígeos), impidiendo la penetración (así como una exploración ginecológica o la inserción de un tampón).

Pese a ser una dificultad sexual femenina tan frecuente, no siempre acaba por ser tratada profesionalmente, ya que hay personas que consiguen desarrollar una sexualidad satisfactoria en ausencia de relaciones de penetración (¡quizá deberíamos aprender de ellas!). Pero sí suele plantearse como un problema cuando la mujer vaginítica quiere ser madre. Es ahí cuando la mayoría decide buscar ayuda profesional para superar esta dificultad.

¿A qué se debe el vaginismo?

Las causas del vaginismo pueden ser muy variadas, pero suele deberse a una combinación de causas físicas (cirugías, cambios hormonales, medicamentos…) y psicológicas. Estas últimas implican siempre un componente de ansiedad, ya sea anticipatoria (miedo a las relaciones sexuales, miedo al embarazo, una educación sexual represiva, un trauma…) o ansiedad entendida como miedo al dolor (si nuestro cuerpo asocia a él las relaciones sexuales). Y esta ansiedad lleva a la contracción involuntaria de la musculatura pubocoxígea y, de ahí, a la imposibilidad de la penetración. Esto provoca un círculo vicioso donde el cuerpo anticipa el dolor y, como reflejo, contrae la musculatura del suelo pélvico, contracción que a su vez genera más dolor, así como frustración y desánimo, que puede llegar a desembocar en un problema de deseo, limitando aún más la sexualidad de la mujer.

Además, no podemos olvidar que la propia ansiedad dificulta, o incluso puede llegar a boicotear, el proceso de excitación, por lo que la lubricación vaginal brillará por su ausencia, haciendo aún más difícil, y en su caso doloroso, cualquier intento de penetración.

¿Se puede tratar el vaginismo?

Pese a que este panorama pueda parecer desalentador, lo cierto es que el vaginismo es una de las dificultades sexuales que suelen tener mejores resultados terapéuticos, y más si se cuenta con la implicación de la pareja. Cuando esta se muestra paciente, cercana y colaboradora, es mucho más fácil que la terapia llegue a buen puerto, del mismo modo que una pareja impaciente o que enfoca la dificultad como ‘algo exclusivo de ella’, puede llegar a boicotear los avances.

El tratamiento del vaginismo dependerá de las circunstancias en las que se desarrolle, por lo que es importante hacer una evaluación previa de las condiciones de base y la historia del problema, para ajustar el tratamiento a las mismas.

Un enfoque multidisciplinar puede ser el ideal, combinando tanto herramientas psicológicas (técnicas de relajación, focalización sensorial, desensibilización gradual (incluyendo dilatadores), autoinstrucciones positivas, reestructuración cognitiva...), como fisioterapia del suelo pélvico, de forma que la paciente sea capaz de reconocer el estado de contracción-relajación de su musculatura pélvica, y aprenda a manejar la ansiedad y el miedo que se presentan ante las relaciones sexuales. Y como decíamos anteriormente, la implicación de la pareja suele ser crucial para la obtención de resultados eficaces y a más corto plazo.

Si sientes dolor durante las relaciones sexuales o te es imposible conseguir la penetración, es hora de buscar ayuda profesional. Gracias a la terapia sexual, podrás identificar el origen de esta dificultad y plantear las posibles soluciones.

Y no lo olvides: tienes derecho a disfrutar de tu intimidad. No renuncies a vivir una sexualidad plena, sin limitaciones y en la que desarrolles todo tu potencial.

Artículo escrito por Rebeca Lajos, psicóloga y sexóloga en Aidé Psicología.

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