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¿Es el punto G la Meryl Streep del reparto?

Bueno, ha llegado el momento de abordar el tema. Tan controvertido como el final de Los Soprano o el amor entre Sam y Frodo, el punto G ha llenado cientos de páginas más o menos serias y se ha tratado como el Santo Grial, la piedra filosofal del placer. Sus defensores sostienen que no hay nada parecido (para estos testimonios nada como recurrir a historias en primera persona narradas con todo lujo de detalles en el Nuevo Vale), y sus detractores que es una patraña inventada sin rigor científico. ¿Botón mágico, zona especialmente sensible, o mito millonario? ¿Debemos buscarlo en el interior de la vagina o es tarea para Iker Jiménez y su nave del misterio? Si no se ponen de acuerdo científicos, obstetras y ginecólogos, difícilmente lo haremos nosotros. Prueba empírica (más o menos), basada en una encuesta rápida en la oficina. Conclusión: la información sexual y anatómica a la que tenemos acceso, aunque extensa y variada, tiene lagunas profundas. ¿Dónde está el punto G? ¿Hay un orgasmo clitoriano y uno vaginal? ¿Es el punto G una lotería que puede o no tocarte alguna vez en la vida?

Viajemos al origen, ya el padre del psicoanálisis dividió a las mujeres y sus diferentes rutas de placer sosteniendo que había orgasmos vaginales y orgasmos clitorianos. Añadió, además, que los primeros eran propios de mujeres maduras y realizadas mientras los segundos solo eran experimentados por adolescentes aún con pocas luces. Todo perfecto. En los 40, el médico alemán Ernst Gräfenberg descubrió una zona erógena en la pared anterior de la vagina, en torno a la uretra, que relacionó con el orgasmo y la eyaculación femenina en su artículo «The role of the urethra in female orgasm» (International Journal of Sexology, 1950; 3: 145-148). En los 80, y ya con Gräfenberg criando malvas, los médicos Ladas, Whipple y Perry, retomaron el tema y bautizaron la zona como Punto Gräfenberg, (en definitiva punto G, que lo de Gräfenberg era muy largo y quedaba peor en los titulares).

Punto G, ¿realidad o mito millonario?

Y una vez nombrado pues ya existe, obvio, así que empieza la fiesta. “Encuentra tu punto G en tres sencillos pasos”, “Cinco posturas para llegar al punto G”, “Trucos para estimular el punto G”, o “Punto G: encuéntralo como sea”. Si no sabes cómo rellenar páginas o necesitas una noticia con millones de visitas, lo del punto G nunca falla, es la Meryl Streep del reparto, acierto seguro. Las instrucciones para encontrarlo también varían, de momento hemos visto que puedes encontrarlo a una distancia de entre 3 y 5 centímetros de la abertura de la vagina, entre 3 y 6, y entre 5 y 8 (prácticamente en la garganta).

Los estudios llevados a cabo sobre el tema tampoco arrojan demasiada luz. Para unos directamente no existe, para otros es una región perfectamente definida, y los hay que sostienen que al ejercer una presión en la parte frontal de la vagina puede que se alcancen las estructuras internas del clítoris. Lo más exótico que hemos leído es que el punto G sería la próstata no desarrollada en la anatomía femenina debido a la falta del cromosoma Y, y lo más peligroso, cirugías destinadas a mejorar la sensibilidad del punto G (igual se nos está yendo de las manos).

En cualquier caso, sus más férreos defensores recomiendan buscarlo tumbada e introduciendo un dedo en posición ‘ven aquí’. Determinadas posturas sexuales como la mujer encima o la mujer tumbada sobre una mesa y el hombre penetrándola de pie, también ayudarían a la estimulación del punto G, y, por supuesto, los juguetes sexuales. Hay toda una gama de la juguetería erótica destinada a tal fin. ¿Nuestro consejo? La búsqueda de placer jamás será una pérdida de tiempo; además, existen fantásticos vibradores de punto G con succión de clítoris incorporada (por si las moscas). Tenemos muchísimas zonas erógenas, disfruta de cada una de ellas y no pierdas el tiempo en una búsqueda eterna del arca de la alianza. Como afirma Sheryl A. Kingsberg, profesora del departamento de biología reproductiva de la Universidad Case Western (EEUU), la localización del punto G debería situarse en el cerebro, no en la vagina. Al fin y al cabo, es la zona erógena más poderosa que poseemos.