Cómo ser una dominatrix

‘Una dominatrix pasea a un hombre como un perro, con correa y bozal, en un supermercado’, este es uno de los primeros resultados que nos muestra Google cuando buscamos la palabra ‘dominatrix’, y dejando a un lado que la noticia se publicó en un medio deportivo de alcance nacional (no, el BDSM no es un deporte), la lista se completa con otros enlaces del tipo ‘los 7 consejos sexuales de una dominatrix’ o ‘cómo vive una dominatrix que gana más de 6.000 dólares al mes’. Con estas informaciones y las cuatro referencias previas que tenemos, cualquiera puede hacerse la vaga idea de que una dominatriz es una especie de Clara de noche adinerada que látigo en mano tortura a sus sumisos como si del Tarado de ‘Pulp Fiction’ se tratase. Así es la cosa en pleno siglo XXI, el BDSM con todos sus rituales, fetiches y prácticas sigue despertando en los muggles tanta fascinación como rechazo. Pero, ¿en qué consiste en realidad?, ¿qué le pasa a alguien que disfruta siendo atado, flagelado o humillado?, ¿qué es una dominatrix?

Vamos a empezar respondiendo a la segunda pregunta por si estás a punto de pedir cita con el psiquiatra o con el exorcista. La respuesta es nada, a las personas que disfrutan con prácticas sexuales menos convencionales, siempre que sean consensuadas y que no supongan un trastorno para su vida, no les pasa absolutamente nada. No hay nada cierto en las ideas manidas y extendidas por la mala literatura (sí, hablamos de las dichosas ‘Sombras’) que presuponen una relación entre los traumas infantiles y el gusto por el SM. De hecho, hay estudios científicos que determinan que los practicantes de sadomasoquismo son más equilibrados emocionalmente, menos neuróticos y menos sensibles a las críticas. Ahí es nada.

Ahora, para comprender qué es exactamente una dominatrix, deberíamos explicar que en el BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo) hay siempre un sumiso y un dominante, es decir, antes de empezar el juego se establecen los roles y por supuesto las reglas. No todo vale. También se acuerda una palabra de seguridad. Las más comunes suelen sen ‘rojo’ o ‘stop’, pero tú puedes elegir ‘chimichurri’, si quieres. Lo importante es fijar que la pronunciación de esa palabra en cualquier momento del juego pone fin al mismo. En el caso de que la sesión vaya a incluir mordazas o cualquier otro elemento que restrinja el habla, se deberá concretar un gesto de seguridad como sustituto de la palabra.

Dómina, dominatrix, domme, mistress, ama, ¿son lo mismo?

Según la RAE, dominatrix o dominatriz es la persona que domina, una definición algo parca y desde luego insulsa. No podemos creer que los señores de la Academia no conozcan más a fondo (de oídas, claro) el significado del término. Dómina, dominatrix, domme, mistress, ama… en cualquier caso sí, hablamos de lo mismo. Es la mujer que adopta el rol dominante en una relación BDSM y su homólogo masculino sería el ‘Amo’ o ‘Maestro’. Y aunque la imagen actual que tenemos de ella está muy influida por los dibujos e ilustraciones que proliferaron entre los años 20 y 30 del siglo pasado (enfundada en cuero, botas altas, látigos), hay que dejar claro que, tal y como explica Josep Lapidario “el SM es un arte sexual que ha acompañado a la humanidad desde hace siglos con diferentes nombres y disfraces, antes incluso de Sade y Masoch (¡hay flagelación erótica en una tumba etrusca del siglo V a. C.!)”.

Existen dominatrix profesionales, es decir, mujeres que, previo pago, ofrecen sus servicios a sumisos o sumisas; y dominatrix vocaciones o aficionadas dentro de las muchas comunidades que gracias a internet han aparecido por todo el mundo. ¿Y qué hacen? Poner a prueba los límites mentales y físicos de la excitación, llevar la sexualidad a otro plano en el que el coito y la penetración no son el fin único del acto, en ocasiones ni tan siquiera se contemplan. Lo que va o ocurrir en las sesiones se acuerda siempre previamente, se marcan límites y se expresan gustos. Puede incluir inmovilizaciones, azotes, humillaciones verbales y físicas, castigos, o todo lo que se le ocurra al sumiso y la dómina esté dispuesta a llevar a cabo.

Dominatrix financiera, la última vuelta de tuerca

En nuestro proceso de documentación nos encontramos con un término que, confesamos, nos llama la atención. Hablamos de las dóminas financieras, mujeres que, a petición de los sumisos, tienen acceso a sus cuentas bancarias, controlan su dinero, y reciben lujosos regalos a cambio de humillarlos verbalmente, ya que en la mayoría de los casos este tipo de dominación se da a través de internet, sin contacto físico entre las partes. El sexo, el poder y aquí también el dinero, se dan la mano en el trío más peligroso de la historia. Podría ser una nueva entrega del Padrino, pero no.

Podríamos pensar que se trata del pagafantas de toda la vida pero que, en lugar de ir a casa y masturbarse mientras llora, se corre mientras la chica le pide dinero para irse a tomar algo con otro. Pero es más complicado. “Para mí, el atractivo está en que se trata de una forma real de humillación e intercambio de poder. El BDSM que utiliza cadenas y ataduras no es, en el fondo, más que un juego que se centra en las fantasías masculinas. Pero tener el dinero que ganas a disposición de una bella mujer que además te deniega cualquier tipo de relación ya sea sexual o romántica, eso es algo real”, explica uno de los clientes de este tipo de servicio en un artículo en The Observer.

Si ahora se están preguntando si estamos locos, sí, pero no por esto. “En el equilibrio entre realidad y fantasía, entre raciocinio y pasión, está la esencia del juego SM”, dice Dómina Zara en su libro ‘Soy un Sueño’. Y que cada uno se corra a su manera.

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