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Mitos, verdades y leyendas sobre el sida en pleno siglo XXI

EroticFeel 01/12/2019

No, no hay plátanos infectados por sida, ni naranjas; tampoco están poniendo agujas contaminadas con VIH en las gasolineras, ni unos “inmigrantes” han contagiado el VIH a la Policía Nacional este verano ni ningún otro. Resulta increíble, pero hoy, cuando tenemos toda la información (y la desinformación) en el bolsillo, todavía hay quien cree y difunde patrañas y bulos que solo contribuyen a perpetuar las aprensiones, los recelos y, por qué no decirlo, la estupidez sin límite. En marzo de este 2019 se cumplieron 25 años desde el estreno de Philadelphia, la película que puso rostro a la enfermedad (y nada menos que el de Tom Hanks) y que ayudó a darle visibilidad, a comprender mejor la trastienda del virus, los prejuicios y el enorme rechazo al que tenían que enfrentarse los enfermos.

El ‘cáncer gay’, como lo llamaron a principios de los 80, se llevaba por delante miles de vidas sin que los médicos pudieran hacer nada por evitarlo. El desconocimiento y el miedo (peligrosísima combinación) ante un virus que no paraba de extenderse hizo que se levantaran muros contra los enfermos. Así lo retrata Denzel Washington en su alegato para defender, ante un jurado popular, que Andrew Beckket (Tom Hanks) fue despedido por ser portador del virus. “Hicieron lo que casi todos queremos hacer con el sida, llevar al sida y a todos los que lo padecen lo más lejos posible. La conducta de sus jefes puede parecerles razonable, a mí también. El sida es una enfermedad mortal, incurable”, dice “pero incumplieron la ley”. Aún es más clarificador el argumento de la defensa: “Andrew Beckett se está muriendo y está enfadado porque su estilo de vida, su conducta imprudente, le han acortado la vida”. Toma ya, y sin despeinarse. La conducta imprudente de la que habla, claro, es la homosexualidad.

Cuando comenzaron a aparecer los primeros casos en heterosexuales el sida perdió (en parte) esa connotación de enfermedad de ‘maricas’ y ‘yonkis’. La muerte de personalidades famosas como el actor Rock Hudson y el músico Freddie Mercury hicieron comprender, además, que las personas infectadas respondían a todo tipo de prototipos y formaban parte de distintos niveles culturales. Actualmente, existen dos escenarios muy diferentes. El sida mata a 4.000 personas al día en África, sigue sin haber una vacuna y el 40 % de los afectados, a nivel mundial, desconoce que tiene esta enfermedad. No obstante, si el tratamiento es correcto y se toma adecuadamente, el 100% de las personas controlará la infección y se cronificará la enfermedad.

Pero, ¿continuamos señalando a los enfermos de sida con el dedo?

El papel de los activistas ha sido clave a la hora de contribuir al conocimiento y restar dramatismo a la enfermedad. Tras ser diagnosticado como portador de VIH en 1988, el artista neoyorkino Keith Haring puso en marcha una fundación e hizo suyo el lema ‘todos juntos podemos para el sida’. La temática de sus obras se recrudeció y sus formas figurativas comenzaron a representar con trazo ancho no solo la infancia, el sexo y la muerte, también el sida. Compromiso social y sexo seguro fueron sus dos mantras a partir de entonces. Por eso hoy su fundación colabora con la marca de juguetes eróticos Tenga a través de diseños específicos que defienden que el sexo y la búsqueda de placer no es algo que deba avergonzarnos. Parte de los ingresos obtenidos con las ventas de los modelos diseñados por la fundación de Haring son donados por Tenga a la JFAP o Japan Foundation for AIDS Prevention (Fundación Japonesa para la Prevención del Sida).

El estigma y los prejuicios solo se combaten con educación y, parece, no tenemos la suficiente. De lo contrario, en España, por ejemplo, las personas con VIH no tendrían restricciones a la hora de acceder a las fuerzas del Estado (cuando, de hecho, según los expertos, tiene menos riesgo un VIH positivo que un diabético para desempeñar este tipo de funciones). Aún más sorprendente resulta que no se admitan personas con sida en las residencias de ancianos porque todavía se considera que tienen una enfermedad infectotransmisible. Hay algo que a estas alturas todo el mundo debería saber: una persona en tratamiento no puede transmitir el virus, incluso sin ningún método de protección.

Desde EroticFeel hacemos nuestro el lema de Haring: ‘Todos juntos podemos para el sida’.