Eunucos, castración y sexualidad

La trama parece sacada de una de esas series americanas que resuelven un crimen distinto en cada capítulo. Desde luego, contaba con todos los ingredientes: una cabaña, un frigorífico repleto de lo que parecían testículos amputados, y dos supuestos cirujanos que bromeaban sobre la posibilidad de comérselos como si se tratase de criadillas de toro. Crónica negra en estado puro. La noticia saltó a los periódicos hace apenas un año, cuando la víctima, un hombre de 28 años, llegó a un hospital de Oklahoma sangrando profusamente por la entrepierna. Lo más sorprendente, sin embargo, es que el chaval había acudido voluntariamente a la llamada de estos dos carniceros que se anunciaban en una web bajo el reclamo "From theEunuchMaker and the EM Crew" (de parte del Fabricante de Eunucos y su equipo"). Eunucos, sí sí, como lo leen. ¿Pero eso todavía existe? Suena a insulta bíblico, a poso antiguo, a leyendas sobre Joselito (el pequeño ruiseñor reconvertido en traficante).

Pues resulta que sí, que otros antes que nosotros, evidentemente, ya han investigado el tema, y que según cuenta el periodista José Antonio Díaz Sáez en su libro ‘Eunucos’ (Ediciones Almuzara), lo que comenzó hace milenios para volver más dócil y fácil de engordar al ganado, aún se puede rastrear hasta nuestros días. Desde que algún avispado pensó que si cortar por lo sano funcionaba con el ternero por qué no habría de servir para crear una casta de siervos leales e incorruptibles (curioso pensar que todo lo malo de los hombres se almacena en sus testículos), los eunucos se han movido a lo largo de la historia entre la marginación y los privilegios. Esclavos, prisioneros de guerra, funcionarios de alto rango, cuidadores del harem, cantantes… los emasculados podían serlo total o parcialmente, es decir, podían cercenarles pene y testículos, solo los testículos, o simplemente dañárselos sin sajarlos hasta dejarlos inservibles.

Los primeros documentos sobre la existencia de eunucos proceden de China y están fechados en el siglo XIII antes de Cristo. Muchas familias castraban a sus hijos ante la promesa de ascenso social, eran valorados como hombres de confianza que, privados de tener descendencia, no conspirarían contra el poder oficial (no entraremos en detalle, pero vaya chorrada). También se suponían mejores para cuidar de las mujeres, pero como nos enseñó la historia y también ‘Juego de tronos’, la falta de genitales no elimina el deseo, y muchos se las apañaron para explorar otro tipo de sexualidad. Por no mencionar que los eunucos con pene eran valorados para usos sexuales satisfactorios tanto por hombres como por mujeres.

Sin embargo, quizá los eunucos más conocidos mundialmente sean los castrati, muchachos de hermosa voz mutilados antes de la pubertad para conservarla y que fueron muy demandados por sus tonos agudos cuando las mujeres no podían participar en los coros. Y aunque el más famoso fue Farinelli y quizá por eso se considera que proceden de Italia, fue la España medieval, como apunta Díaz Sáez, el primer país europeo que recurrió a la castración de niños para fines musicales.

Dejando a un lado al marido de Lorena Bobbitt, la mayor población de eunucos se encuentra hoy en la India, donde los Hijras, reconocidos oficialmente como el tercer género, forman una comunidad milenaria compuesta por personas de género fluido, transgénero, transexuales, travestis y también, según algunas estimaciones, por un 10% de eunucos que viven, en muchos casos, de su participación en ceremonias como bodas y nacimientos donde cantan y bailan para bendecir o librar del mal de ojo. Pero hay más.

En el año 1971, en Afganistán todavía se utilizaba la castración en los niños. En 2002, la cadena británica BBC denunciaba que en Níger todavía se emasculaba a los esclavos en algunas zonas rurales. Y todavía hoy, en algunas partes de África, se utilizan testículos para ser utilizados en pócimas afrodisíacas, pudiéndose pagar enormes cantidades de dinero por genitales recién cortados. (En 2012 varias ONG denunciaron la mutilación de albinos para pócimas de brujería en países como Tanzania, Mali o Camerún).

Ya ven que no hemos evolucionado tanto desde que Cronos castró a su padre Urano y lanzó sus testículos al mar, pero aquello era solo un cuento.

Imagen portada: fresco de Giorgio Vasari y Cristofano Gherardi (ca. 1560): La castración de Urano. Sala di Cosimo I, del Palazzo Vecchio (Florencia).

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