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Adictos al placer y mujeres sin orgasmos: ¿se puede aprender a llegar al clímax?

Nuestra conducta está tan condicionada por el placer como por el dolor. Si tuviéramos a mano una palanca que al pulsar nos proporcionara orgasmos instantáneos, la aporrearíamos compulsivamente, igual que un adicto arruina su vida por la recompensa momentánea de gratificación que experimenta al consumir su droga. En 1953, dos investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, descubrieron, (por error, como suelen pasar estas cosas) que las ratas podían llegar a estimularse hasta 2000 veces en una hora, llegando incluso a dejar de comer, de beber y de cuidar a su camada. Para que no murieran, tuvieron que desconectarlas del circuito que les provocaba placer. ¿Y esto es aplicable a las personas? A priori podríamos decir que no, que a diferencia de las ratas somos seres con raciocinio. Pero no, o no tanto como creemos, el placer es una fuerza poderosa.

Así, gracias a un experimento muy poco ético llevado a cabo por el doctor Galbraith en Nueva Orleans con pacientes afroamericanos de centros psiquiátricos (por cierto, sin su consentimiento informado), sabemos que podemos ser tan irreflexivos como las ratas. Hasta el punto de que muchas de aquellas personas descuidaron su aseo personal y sus obligaciones familiares por la recompensa del placer directo. ¿Es el placer una droga?

Mujeres sin orgasmos

“Yo nunca he tenido un orgasmo”, o, “yo no sé si he tenido o no un orgasmo”, son frases más habituales de lo que parecen, y en el 99% de los casos, son pronunciadas por mujeres. Según declaraba el especialista Jhon Foster Green “jamás he conocido, en mis cincuenta años de consulta, a un hombre que nunca haya tenido orgasmos, y sin embargo he conocido cientos de mujeres en este caso”. La falta de orgasmos o anorgasmia puede ser un problema puntual en los hombres, normalmente de tipo orgánico, en las mujeres es casi siempre psicológico. Lo primero que hay que dejar más que claro es que las mujeres están tan predispuestas genéticamente para tener orgasmos como los hombres. Es más, a diferencia de ellos, pueden tenerlos más prolongados, más intensos y hasta múltiples.

La cuestión es, ¿se puede aprender a tener un orgasmo? Pues, aunque no nos lo enseñen en la escuela (proponemos que sea asignatura obligatoria), la verdad es que sí. Los expertos aseguran que casi el 95% de las mujeres que acuden a consulta por anorgasmia solucionan su problema.

¿Cuál es el primer paso para tener un orgasmo?

La respuesta no podría ser más obvia. El primer paso para llegar al orgasmo es conocer tu propio cuerpo. Desgraciadamente, por educación, por posturas religiosas, por prejuicios infundados o por la falta de normalización de la sexualidad, hay mujeres (sí, no es por nada´, pero en este caso todas, sino la inmensa mayoría, son mujeres) que no saben cómo es su cuerpo. Así que ya sabes, ¡a tocarse se ha dicho! Explora, descubre, husmea, coge un espejo, todo lo que se te ocurra. Dedícate tiempo. ¿Cómo vas a llegar al orgasmo en pareja si no sabes disfrutar sola? ¿Cómo va a saber otra persona lo que te gusta si no lo sabes tú misma? Por favor, una petición especial ¡Tó-ca-te! No queremos tener que repetirlo.

Más consejos. En caso de que te toques y no consigas llegar al clímax, Los vibradores son la prueba del algodón, ya sabes, no engaña. En esto se llevan la palma los succionadores de clítoris, es más, muchos terapeutas los utilizan para tratar los casos de anorgasmia. El clítoris, ¡bendito sea! tiene 8.000 terminaciones nerviosas, exactamente el doble que el glande. Es el único órgano del cuerpo humano cuya única misión es dar placer, ¡y el tuyo funciona igual de bien que el de todas! Mímalo y dale el cuidado que se merece. Un dato, el 83% de las mujeres que han utilizado un succionador o masajeador de clítoris han llegado al orgasmo en menos de 3 minutos.

Una manera magnífica de preparar tu cuerpo para los orgasmos que vendrán es la utilización de unas buenas bolas chinas. Refuerzan tu musculatura vaginal y tu suelo pélvico y entre sus muchos beneficios, aquí el que nos importa es que vuelve tus orgasmos más intensos y duraderos (¡hasta 15 segundazos!). Es para pensárselo, ¿verdad?

El orgasmo nos hace más felices y hasta mejores personas. A todos. Nos relaja, nos pone una sonrisa en la boca y nos inspira. “Explosión”, “aniquilación”, “erupción”, “anulación”. La literatura, y también los estudios médicos, han intentado sin éxito definirlo. El lenguaje falla en pocas cosas, pero en la descripción del clímax cae de rodillas frente a la realidad. “No life can equal such a death” (“ninguna vida se iguala a esa muerte”), escribió el esposo de Mary Shelley. Muérete cuantas veces quieras.