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Que un mal sabor no eche a perder el mejor sexo oral

Sexo en Nueva York nos enseñó muchas cosas. Cuatro amigas recorriendo los mejores locales de Manhattan y hablando entre Cosmopolitan y Cosmopolitan de sus encuentros sexuales, algo inaudito en la televisión hasta ese momento. Así, trataron temas como la eyaculación precoz, las alegrías que te puede dar un buen vibrador, la existencia de la eyaculación femenina, la importancia de acostarse con quien uno quiera, y lo fantástico o absolutamente desagradable que puede ser el sexo oral. En una escena ya mítica, la desinhibida Samantha se niega a practicarle una felación a su amante, “tienes el semen agrio”, le espeta. El tipo se lo toma como una excusa barata. “Venga, un par de veces arriba y abajo y listo, es fácil”, le dice. “¿Fácil?”, contesta ella, “los hombres no tenéis ni idea de a lo que nos enfrentamos ahí abajo. Desplazamiento de dientes, estrés en la mandíbula, succión, arcadas, y todo el rato subiendo y bajando la cabeza, gimiendo e intentando respirar por la nariz. ¿Fácil? Chico, no le llaman trabajito por nada”. Después de esta explicación sublime llegan a un trato, ella admite que depende de con quién “puede ser fabuloso, siempre que su semen no sepa como un montón de huevos podridos”. “Tú lo pruebas y si a ti te parece bien, a mí también”, él acepta, saborea, y con cara de asco y la boca pequeña dice “a mí me parece bien”. Y es que, si hay hombres capaces de quitarse las costillas flotantes para poder hacerse ‘el trabajito’ ellos mismos, un mal sabor no iba a echar para atrás al pobre muchacho.

En fin, vamos a lo importante. Tanto el flujo vaginal como el semen tiene un sabor característico que puede variar en función de la higiene, la alimentación o el momento del ciclo menstrual (en el caso de las mujeres). Para evitar pasar un mal rato y sobre todo hacérselo pasar a otro, es bueno tener en mente una serie de consejos porque, estaremos de acuerdo, disfrutar es complicado si nuestra pareja pone cara de asco y se va corriendo al baño. Pero hagamos primero una distinción clave, tanto la vulva como el pene tienen un olor y un sabor característico y, por supuesto, no es ni malo ni asqueroso, es la naturaleza misma. Una correcta higiene es vital para evitar que se formen bacterias que produzcan mal olor, pero siempre teniendo claro que las zonas íntimas tienen su propio microsistema, una flora característica que las protege, y que un exceso de higiene puede acabar con ella y provocar el efecto contrario al deseado, la aparición de infecciones y de malos olores.

En el caso del semen, el 90% es fluido seminal compuesto de azucares, proteínas, vitaminas, sales y minerales que provienen de los alimentos que ingerimos. Es importante cuidar lo que comemos, los expertos aseguran que alimentos como el melón, la piña, la papaya, los arándanos, el limón, las verduras ricas en clorofila, el arroz, el pan y las patatas, contribuyen a mejorar el sabor del semen. En el lado opuesto, los espárragos, la coliflor, la cebolla, el ajo y los lácteos, vuelven el sabor del esperma más amargo. Como hemos dicho, el sabor del flujo vaginal depende en gran medida del momento del mes en que se encuentre la mujer; no obstante, hay productos que empeoran su gusto (y esto es válido tanto para hombres como para mujeres) como el tabaco, el alcohol, la cafeína y determinados fármacos.

Los más escrupulosos siempre pueden recurrir a los lubricantes de sabores o a productos novedosos como los caramelos de menta para sexo oral de Bijoux Indiscrets que, además de estar específicamente diseñados para ello, incrementan la producción de saliva. En cualquier caso, recuerda, el sexo oral es una de las mejores cosas que puedes hacer con la boca, no dejes que una minucia te prive de un placer que parece no ser de este mundo.