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Tócate, tócate mucho

“Para tener unos pechos sanos hay que palparlos en casa” asegura la cirujana oncológica de mama Kristi Funk en su nuevo libro ‘Pechos: aprende a conocerlos’. Lo principal es entender la enfermedad, y desterrar los miedos y prejuicios que nos producen ansiedad. El cáncer, y concretamente el de mama, muy estigmatizado hace décadas, hace tiempo que dejó de ser sinónimo de muerte. Aunque puede afectar tanto a hombres como a mujeres, es mucho más frecuente en las mujeres. Tanto que una de cada ocho padecerá cáncer de pecho a lo largo de su vida. Cierto, atemoriza, tampoco hace falta ir de valientes. Ni es una lucha, ni se gana o se pierde. No hay por qué estar siempre animado, es lógico pasar por distintos estados emocionales y nadie te puede culpabilizar por eso, tampoco tú. Ahora bien, los datos son excepcionales. Gracias a la investigación científica, a la mejora de los tratamientos y a la detección precoz, la tasa de supervivencia a cinco años es superior al 90%, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer, y las posibilidades de curación en su etapa inicial son casi del 100%. Es una gran razón para estar atentas, ¿no crees?

Las mamografías han reducido en un 35% la mortalidad del cáncer de mama desde su implantación, un dato que no puede cuantificarse en el caso del autoexamen. La autoexploración no es un método infalible, pero en ningún caso es inútil. No son prácticas excluyentes, esto tiene que quedar bien claro. Que te toques y no te encuentres nada no quiere decir que no exista. Si tienes entre 45 y 50 años, la mamografía es un auténtico salvavidas. Pero huelga decir que son muchas las mujeres que han acudido a su médico después de encontrarse un bultito en el pecho o de ver algún cambio en su apariencia. Así que repetimos, no dejes que tocarte, familiarizarte con tus pechos es vital (literalmente).

Y, ¿cómo me exploro el pecho para detectar el cáncer de mama?

Lo ideal es hacerlo como mínimo una vez al mes y el momento perfecto es la semana después de la regla. En caso de las mujeres que ya no menstrúan, lo mejor es elegir un día, por ejemplo, el primero o el último de cada mes y convertirlo en rutina. Aunque la enfermedad tiene menor incidencia en los hombres, ellos se pueden explorar exactamente de la misma manera. Primero hay que observar. Colócate delante del espejo desnuda de cintura para arriba y con los brazos caídos. Presta atención a los cambios; por eso, es fundamental que conozcas a la perfección tus pechos. Busca cambios en la piel, hundimientos, enrojecimiento, hoyuelos, arrugas, protuberancias, textura de piel de naranja. Ahora sube los brazos por encima de la cabeza y vuelve a observar: ¿aprecias algo diferente en la forma y en el tamaño? Cualquier cosa puede ser significativa. Un pezón hundido también es motivo de consulta inmediata.

Después de observar toca palpar. Tumbada o de pie, en la postura que te resulte más cómoda, toca con la yema de los tres dedos centrales de la mano contralateral toda la mama, la parte superior, la inferior, los laterales, el pezón y la areola. Puedes hacerlo de arriba abajo, de izquierda a derecha, o trazando círculos. Lo importante es que memorices el tejido de tu pecho para que identifiques cualquier bulto o masa extraña. Ahora, estirando un brazo por encima de la cabeza, toca con la mano contraria el pecho desde la axila hasta el centro trazando pequeños círculos. Repite el mismo proceso con el otro pecho. Mira con atención las areolas y los pezones, apriétalos levemente y comprueba si sale algo de líquido.

Importante, no te asustes si encuentras algún bulto. Acudir al médico nunca sobra, pero debes saber que las mamas tienen un tejido nodular y puedes tener la sensación de acariciar pequeños bultitos. Por eso es tan importante conocer tus senos.

Bulos sobre el cáncer de mama y qué lo provoca

No queremos dejar pasar la ocasión de recordar que no todo lo que se lee en internet es cierto, ni mucho menos. De hecho, si buscas en Google "¿por qué estoy tan cansado?", lo más normal es que encuentres sin miramientos que estás al borde de la muerte. La red está llena de patrañas, ni el limón cura el cáncer ni el café lo provoca. En caso de duda, la respuesta siempre, siempre, está en el médico. Por desmentir solo algunos de los más extendidos: los sujetadores con aros no causan cáncer, tampoco lo hace el desodorante, la soja, los edulcorantes artificiales o la cafeína. Otro de los bulos más peligrosos es el que asegura que las mamografías producen cáncer de tiroides, (rotundamente no). La dieta, lamentablemente, no cura el cáncer, ni tampoco lo hacen las pseudoterapias, no hay remedios mágicos.

Conoce tu cuerpo, explóralo, tócalo, mímalo. Y en caso de duda, acude al médico. No estás sola.